Aguas que la chingada carreta puede colisionar




Tal vez algún día la Ciudad de México explotara por la carga de dinamita que cada uno de sus habitantes pareciera tener en sí mismo. La crispación social no se ve a menos que no se quieran ver, o no quieren que la vean. De igual forma, la desesperanza avanza de manera paralela. Ateísmo político y desconfianza en nuestras instituciones sociales son una buena fórmula para llevar a México a lugares que, después de cierto tiempo, solo los libros de historia hablarán de ello... pero...  mejor antes de ello, sería bueno que aquel que jalonea la carreta, a cuestas y pesadamente, se preguntara, no sobre la eficacia de su método a seguir, porque no se pone en duda su liderazgo e inteligencia, sino que más bien quien se ve beneficiado de los productos de la carreta, que al parecer, los menos favorecidos son los que la construyeron. Peligroso es, en momentos como estos, que por omisión alguna o desdén, las cuerdas, que creen indestructibles, revienten y colisionen a la carreta. Tan malo sería para el que la lleva, como para el que la espera, aunque de forma paralela y como si de ironía se tratara, también sería tan malo para aquellos que se benefician de la pobre carreta. En conclusión, todos salimos perdiendo. Focos rojos al dirigente de la carreta.

El que entendió entendió y el que no, pués se... ni modo.

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